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EN DEFENSA DE LA DEMOCRACIA Fernando Belaunzarán, Guadalupe Acosta Naranjo, Miguel Alonso Raya, Jorg

  • Foto del escritor: ENCRUCIJADA MEX
    ENCRUCIJADA MEX
  • 2 oct 2017
  • 6 Min. de lectura

México vive momentos excepcionales y todos tenemos que estar a la altura de las circunstancias para enfrentar con éxito la emergencia, pero sería contraproducente y pernicioso que, bajo el pretexto de la tragedia humanitaria, nos lleven a una tragedia democrática.

Con descarado oportunismo demagógico, el PRI está planteando tirar a la basura avances fundamentales que la sociedad ha conseguido en 40 años y volver a los tiempos del partido casi único. Manipulando la consternación social por los daños del sismo y la legítima indignación ciudadana por las carencias y excesos de la clase política, el partido en el gobierno quiere legislar no en la premura sino en la histeria para acabar de un plumazo con el financiamiento público a partidos, hoy excesivo, y con la representación proporcional sin otra racionalidad que el cálculo electoral para aferrarse al poder y recuperar a la mala la hegemonía que tuvo en el siglo pasado sin reparar en las funestas consecuencias.

Frente a ello decimos:

1.- Los ciudadanos dieron ejemplo de solidaridad y reaccionaron de manera eficaz, generosa e inmediata a lo acontecido. El Estado mexicano no puede hacer menos, es su responsabilidad irrenunciable, hay que ver por los damnificados e iniciar la reconstrucción, lo cual implica, entre otras cosas, reorientar el gasto público. Se requiere una política de austeridad transversal que, por supuesto, debe incluir a los partidos y estos no deben escatimar el apoyo a quienes lo necesitan. Pero una cosa es atender la emergencia y otra cambiar el modelo político-electoral sobre las rodillas para beneficiar al partido en el gobierno, a costa de la transparencia, la equidad, la autonomía y la representación. Llamamos a la oposición (PRD, PAN, MC y Morena) a no caer en la burda trampa del PRI.

2.- Los recursos públicos que por disposición constitucional reciben actualmente los partidos son excesivos, deben revisarse y existen diversas iniciativas en el Congreso para reducirlos, entre ellas la de los diputados independientes, Pedro Kumamoto y Manuel Clouthier, conocida como “Sin voto no hay dinero” y la de Agustín Basave sobre “El voto blanco” que permite a los ciudadanos castigar con su voto al sistema de partidos en los bolsillos de éstos. Es necesario avanzar en disminuir los costos de nuestra democracia sin que ello signifique distorsionarla y para ello se requiere partir de premisas correctas. El dinero público es mucho más fácil de fiscalizar que el privado, de hecho, en ese rubro el problema que tenemos es con el dinero ilegal en las campañas. PEMEXGATE es un caso emblemático del financiamiento ilegítimo con recurso públicos y Los amigos de Fox con privados; ambos mecanismos ilegales se favorecerían si la propuesta del PRI se aprueba.

3.- Las razones por las que en 1996 se estableció privilegiar el financiamiento público sobre el privado mantienen vigencia: es más transparente, genera equidad en la contienda y previene que los partidos sean prisioneros de intereses privados y, en el extremo, delincuenciales. Es verdad que se necesita avanzar más al respecto, que los problemas que se buscaban resolver subsisten en alguna medida, que los partidos de oposición también se han divorciado de los ciudadanos y reproducido malas prácticas del partido del viejo régimen, pero acabar con el financiamiento público sería tirar al niño con el agua sucia y permitir que los vicios no resueltos se institucionalicen y que, en lugar de abrir a la partidocracia y terminar con sus excesos, se dé paso a una plutocracia corrupta al servicio de poderes fácticos en un régimen autoritario. Como bien apunta Mauricio Merino, “salir de la emergencia no equivale a entregarle al país a quienes pueden comprarlo” (El Universal, 25/09/2017).

4.- Al PRI no le basta con proponer que los partidos no tengan financiamiento después de mostrarnos en las elecciones del Edomex lo que es poner todo el aparato de gobierno, local y federal, al servicio de su candidato. Quieren revertir el primer avance democrático que se logró frente al régimen de partido de Estado y tirar a la basura el legado de Jesús Reyes Heroles, eliminando la representación proporcional en el Poder Legislativo. Justificar retrocesos autoritarios con ahorro de recursos es un absurdo, pues las miradas simplonas van a acabar concluyendo que las dictaduras son más baratas. Pero incluso el costo puede ser sustancialmente menor sin afectar la representación quitando privilegios y excesos. Si se considera que el Congreso es muy grande puede reducirse manteniendo la proporción entre unis y pluris o, incluso, favoreciendo ésta última figura para que no haya partidos sobrerrepresentados ni subrrepresentados. Podría pensarse en 200 y 200 o 150 y 150. Hay democracias funcionales y consolidadas con puros legisladores de lista y esa es otra opción. En el caso del Senado podría considerarse la propuesta de José Woldenberg de que se elijan cuatro senadores por entidad a representación proporcional (Reforma, 29/O9/2017). La discusión es necesaria, pero debe darse con seriedad y responsabilidad, sin alaridos y sin violar la Constitución pretendiendo modificar las reglas de la elección de 2018 una vez que ya comenzó el proceso electoral. No pensaremos correctamente el modelo hacia el futuro si se insiste en subordinarlo a la próxima elección.

5.- Los llamados pluris han servido para mantener una correlación entre los votos obtenidos con el número de curules y escaños que cada fuerza política tiene en el Parlamento. Lo ideal que debemos buscar es que cada partido tenga exactamente el mismo porcentaje de legisladores que el de ciudadanos que votaron por ellos. En 2015 el PRI tuvo el 29.18% de la votación efectiva y sin diputados de representación proporcional habría tenido la mayoría absoluta de la Cámara de Diputados, 53.33%. El partido oficial quiere ser mayoría artificial y regresarnos a los tiempos del viejo régimen. La democracia en la que creemos es en la que todos los ciudadanos son representados y no solo los que votaron por el candidato ganador de su distrito que en no pocos casos de la pasada elección tuvieron menos del 25% de los votos. El otro 75% también tiene derecho a ser escuchado en su diversidad y las minorías a ser representadas de acuerdo a su votación.

6.- Hay una crítica legítima a los diputados y senadores pluris: representan más a las burocracias partidarias que a los ciudadanos. Es verdad que el mejor legislador no necesariamente es el más popular y que valdría la pena privilegiar perfiles en las listas para mejorar el trabajo legislativo; pero también es cierto que eso suele no cumplirse y en muchas ocasiones se favorece a incondicionales, parientes y juanitos. Sin embargo, eso no se soluciona terminando con la representación proporcional sino estableciendo listas abiertas donde los ciudadanos decidan con su voto la prelación de las candidaturas. Mejorar la representación en los parlamentos es otro tema necesario que requiere de una reflexión profunda. En la histeria no se debe legislar, pues acaba siendo competencia de demagogos.

7.- El PRI se aprovecha de la tragedia y demuestra un cinismo proverbial. Hemos visto cómo sus gobernadores desvían muchos millones del presupuesto a sus bolsillos y cómo en los escándalos de corrupción de HIGA, OHL, Odebrecht y la Estafa Maestra, vinculados a ellos, ha reinado la impunidad. Con esas fuentes de financiamiento, quitando los recursos públicos a la oposición y sobrerrepresentándose en los congresos, es como esperan no solo mantener el poder a pesar de la administración desastrosa que padecemos sino regresar al régimen presidencial de partido casi único, en donde se entienden con los poderes fácticos, cuidando sus intereses, al tiempo que aprovechan el poder público para enriquecerse. No lo podemos permitir. Lo que se quiere cambiar, el tamaño del retroceso que plantean desde el PRI-Gobierno, no es cualquier cosa y es inadmisible el fast-track. Bien vale dar un debate público intenso, riguroso y de altura, antes de tomar decisiones de las que después podríamos arrepentirnos.

En Iniciativa Galileos hemos sido consistentes promotores del Frente Ciudadano por México y estamos convencidos que ése es el camino para transformar al país. Tenemos muchas coincidencias con los planteamientos dados a conocer por los tres presidentes, pero tenemos una única diferencia sustancial referente al financiamiento a las fuerzas políticas con registro por las razones expuestas. Buscamos construir una gran alianza que trascienda las elecciones desde la pluralidad y, por ello, consideramos que es legítimo y saludable discrepar. Llevaremos la discusión al seno del Frente y esperamos ser escuchados y convencer. Entendemos que la crisis del régimen ha afectado a todos los partidos y que si queremos recuperar la confianza de la gente tenemos que ser autocríticos y corregir inercias y errores. El cambio de régimen que proponemos pasa también por transformar a los partidos. Para nosotros es claro que los problemas de la democracia se resuelven con más democracia y que no debemos caminar hacia atrás. Si hay que pagar costos por enfrentarnos a intereses poderosos que amenazan con linchamientos mediáticos, estamos dispuestos. La democracia lo vale.


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