Que no le digan… Espionaje, ¿rasgarse las vestiduras?
- Mario A. Medina*
- 20 jun 2017
- 2 Min. de lectura
El reportaje del diario estadunidense, The New York Times que dio cuenta del espionaje político en México, generó, desde luego, la reacción de personajes directamente afectados como la periodista, Carmen Aristegui, el conductor de Televisa, Carlos Loret de Mola; lo mismo que de otros críticos del gobierno, defensores de derechos humanos, defensores de los consumidores o aquellos que con lupa en mano han mostrado la corrupción en la que están inmersos no sólo muchos políticos de la administración del Presidente Enrique Peña Nieto, sino el propio Ejecutivo Federal.
Mucha ha sido la información que en estos días se ha dado a conocer de cómo este gobierno espía, lo mismo que sus antecesores como han dado cuenta en la revista Proceso Jorge Carrasco Araizaga y el columnista del diario El Financiero Raymundo Riva Palacio.
Fue interesante el debate que en redes sociales se ha dado entre varios de quienes hemos ejercido el periodismo y hemos conocido muy de cerca cómo el gobierno espía. Esta práctica, efectivamente, es viejísima y no sólo la ejercen los gobiernos de nuestro país. En todo el mundo se da.
Una compañera llamó a “no rasgarse las vestiduras” por el espionaje que se da a consecuencia del virus “malicioso” de tecnología israelí al instalarse en los teléfonos celulares y computadoras. Otro compañero pidió no hacer “tanta escandalera” por lo publicado por el NYT.
Una y otro, y varios reporteros más, recordaron cómo en el medio periodístico operan los llamados “orejas” del gobierno o también conocidos como los reporteros del “Bucareli News”.
Sí, efectivamente, el espionaje en el país no es nuevo. Por ejemplo hace 30,40 o 50 años, para espiar a opositores, el gobierno usaba “alta tecnología” mediante alambres que se conectaban en los postes telefónicos o en las “cajas de distribución” de Telmex que le permitía al gobierno escuchar lo que se decía en los teléfonos, aquellos de disco, de políticos u opositores al gobierno.
Sí, efectivamente el espionaje no es nada nuevo. El problema es que se quiera ver este asunto como un hecho “normal” que no nos debe preocupar, que no lo debemos de ver mal.
Por el contrario sí nos debe preocupar y sí nos debe poner alerta, porque lo que busca el gobierno de Peña Nieto, como lo señaló Loret de Mola, es querernos callar, silenciar, intimidar, generar miedo para auto censurarnos.
El “chayo” ha sido un buen instrumento para controlar a muchos pero muchos reporteros que ante los malos salarios que pagan sus empresas aceptan las dádivas que se siguen dando en las oficinas de comunicación social no sólo de los gobiernos priístas, sino también panistas, perredistas y otros de partidos que gobiernan, aunque muchos lo reciben o exigen, sin rubor, aunque les paguen bien en su medios.
Me preocupa que, sobre todo, los viejos reporteros vean este asunto como un “problema común” por el cual no debemos alertarnos, “porque siempre ha existido”. No. No debemos verlo con ese desdén, porque mucha de la responsabilidad de lo que es hoy el país, tiene que ver con esa indiferencia, con esa complicidad de los medios de comunicación, de sus propietarios pero también de quienes -lo digo como gremio-, hemos sido cómplices.
*Periodista





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